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13 mar 2010

El consejo de Dios para el hombre.

Dios le aconseja al hombre que no haga alarde de sus habilidades temporales sino de hablar de cosas espirituales. El comprender y conocer a Dios y en qué es lo que se deleita es uno de los privilegios más grandes que el hombre tiene. 1. Cosas por las cuales el hombre no debe hacer alarde (Jeremías 9:23) A. Su intelecto B. Su influencia C. Sus riquezas 2. Cosas de las cuales debe el hombre hablar (Jeremías 9:24) A. Que comprender y conoce a Dios a través de Su a. bondad y misericordia no merecida b. justo juicio c. justicia deseada 3. Tres cosas en las cuales el Señor se deleita (Jeremías 9:24) A. Que el hombre acepte y comprenda a. La bondad de Dios b. La grandeza de Dios c. La gracia de Dios B. Que el hombre se humille ante Su Santidad a. Dios ama al humilde de espíritu b. Dios resiste al soberbio c. El Espíritu Santo unge al hombre para ministrar y adorar C. Que el hombre responda exaltando al Hijo de Dios a. Por medio de su testimonio (Hechos 1:8) b. Por sus obras Conclusión: ¿De qué tenemos que jactarnos? ¿Qué es el hombre sino un vil gusano? No nos queda más que bendecir y adorar al Gran Supremo Ser, el Dios Altísimo que hizo todo lo que existe y que conoce nuestros más íntimos deseos y pensamientos. Acepte el consejo que Omnisciente le ofrece. Fuente: Ministros.
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Diez puntos del padre ideal.

Podemos ver varias cosas en la historia del hijo pródigo que nos ayudan a definir que es un padre ideal. Vamos a ver 10 cosas de este padre: - Lo primero que vemos es que el esta en el hogar * El evangelista Bill Glass tiene un ministerio para prisioneros y pasa mucho tiempo hablando con ellos. El a hallado que hay algo que muchos tienen en común que les ha ayudado a destruir sus vidas – odian a su padre. Casi sin excepción los padres de estos hombres o los abandonaron, o fueron abusivos o fallaron de pasar tiempo con los hijos. El Padre ideal – reconoce importancia de su presencia en vida de hijos - Segundo, vemos que el padre ideal es la cabeza del hogar. * No deja la madre que trate con el problema a solas. * Josué hablo por el y por su hogar - Tercero, él era la cabeza financiera del hogar * Sus hijos trabajaban pero el mandaba mientras vivían con el * Esto no quiere decir que hacemos y deshacemos * Dios pedirá cuentas a los padres por las finanzas del hogar - Cuarto, él sabe cuando dejar ir al hijo (no era un niño) * Es otra razón porque es importante que hay padre en el hogar. * Esto es una de las cosas mas difíciles (porque los amamos tanto) * Dios nos deja libres para que podamos escoger amarle, sabiendo que podemos escoger mal, causando dolor para nosotros mismos y a El. - Quinto, el permitió que su hijo lidiara con las consecuencias de sus decisión * El podía haber mandado a alguien que lo cuidara * El le podía haber mandado máss dinero cuando perdió todo * Nos duele ver que nuestros hijos sufran por sus malas decisiones. Dios también sufre cuando ve lo que nosotros hacemos. El nos deja aprender de nuestros errores para que podamos crecer y después ayudar a otros. - Sexto, él le enseño a sus hijos como se debe tratar bien a los demás. * Esto hizo que su hijo reflexionara como era todo en casa de su padre * Hebreos 13 nos recuerda que tratemos bien a los que tienen menos * El Antiguo Testamento dice en muchas partes que es importante que tratemos bien a los extranjeros. Nuestros hijos aprenden esto. - Séptimo, él sabe que pasa en la vida de su hijo * El vs. 20 dice que lo vio de lejos y le tuvo compasión * El sabia que las cosas no iban bien con su hijo * El vio que su hijo necesitaba amor y un regaño a ese tiempo - Octavo, vemos que él sabe perdonar * Muchos hijos nunca regresan porque no saben si su familia los perdonaran, especialmente su padre. * Primera de Juan nos dice que si confesamos nuestros pecados nuestro Padre Celestial es fiel para perdonarnos. - Noveno, él restaura y celebra. Cada cosa mencionada en Lucas 15:22 tiene un significado especial. * La ropa, una túnica, significa honor. Al regresar al hogar el hijo paso de la desgracia a un puesto de honor. * El anillo significa mando. Cuando el anillo de un patrón era dado a su siervo o hijo, él estaba recibiendo mando sobre todo lo del patrón. * El calzado indicaba que era hijo. Los esclavos podían andar descalzos. * Después de restaurar a su hijo celebro. Lucas 15:7 nos dice que hay gozo en el cielo cuando el pecador arrepentido regresa al padre. - Décimo, y ultimo, él tiene paciencia * Vemos esto cuando el hijo le pide por su herencia. * Lo vemos cuando el hijo regresa después de destruir su dinero y destrozar el nombre de su familia. * Lo vemos en como trata con el hijo mayor * Toma mucha paciencia para ser buen padre. Dios la demuestra con nosotros y desea que nosotros la demostremos con nuestros hijos. Como padres nuestro primer objetivo debe ser traer nuestros hijos a una relación buena con Dios. Necesitamos hacer esto demostrando una buena relación con nuestro padre celestial en nuestra vida. También tenemos que seguir el ejemplo de nuestro padre celestial y permitir que nuestros hijos aprendan de sus errores, mientras que nosotros anticipamos practicar el perdón. Le pido a Dios que todos nuestros hijos sepan que tienen un Padre Celestial que siempre les ama, es fiel y esta listo para perdonarles cuando fallen. Y espero que aprendan esto de los padres que siguen el ejemplo que Jesús nos dejo del padre ideal. Fuente: Recursos Adventistas.
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Se dice que nosotros los latinoamericanos somos machistas y que en nuestras casas se hace lo que nosotros decimos y no lo que nuestras esposas dicen. Pero yo he sido testigo muchas veces de hogares donde ese dicho de los latinoamericanos no se cumplen, puesto que en muchos hogares que yo he visto, los que dirigen la casa son las mujeres y no los hombres. Ahora bien, estoy totalmente en contra del machismo, puesto que Dios no nos ha hecho cabeza para maltratar a nuestra esposa, ni para mandar y tomar decisiones locas, es mas Dios que nos ha dado a nuestra ayuda idónea nos pide en su Palabra que las y tratemos como a vaso frágil. Si bien es cierto que estoy totalmente en contra del machismo, también estoy totalmente en contra del feminismo. No me parece correcto que mujeres quieran a la fuerza desempeñar el rol que Dios nos ha delegado a nosotros como hombre. La Biblia habla sobre que la mujer tiene que sujetarse a nosotros. Como cabezas de hogar tenemos una responsabilidad mayor, ya que en nuestras decisiones esta la responsabilidad de mantener unida a nuestra familia. Pero que triste es cuando un hombre cabeza de hogar no esta tomando el rol que le compete y se esta dejando manipular por las “voces extrañas”. El anterior versículo narra un episodio en donde podemos sacar muchas enseñanzas, pero que en este momento me quiero dirigir a una en concreto y esto es la autoridad que Josué tenia como para decir: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”. ¿Cuántos de nosotros nos preocupamos porque nuestra familia tenga salud espiritual?, ¿Cuándo fue la ultima vez que le preguntaste a tu hijo del porque no esta asistiendo a la Iglesia?, ¿Cuándo fue la ultima vez que le preguntaste a tu esposa como se sentía espiritualmente?, nosotros como cabezas de hogar, tenemos la responsabilidad de ser unos sacerdotes en nuestra casa y unos pastores espirituales para nuestra familia. Dios quiere que nosotros nos preocupemos por el bienestar espiritual de nuestra familia. Lastimosamente hay hogares “cristianos” en donde el Padre no hace nada por animar a su familia a buscar de Dios, quizá el hijo anda en malos pasos, la esposa sin deseo de congregarse, su hija con novio y pegada al celular todo el día y mientras tanto nosotros como cabeza de hogar estamos pasivos viendo como nuestra familia se pierde poco a poco y se aleja del Señor. Amado hermano, es hora de tomar el rol que un día Dios nos delego, es hora de velar por el bienestar espiritual y en todo sentido de nuestra familia, es hora de ser los sacerdotes que Dios quiere que seamos en nuestro hogar, de tomar en serio nuestro papel de pastores espirituales de nuestra familia, pero para ello es necesario comenzar nosotros mismos a mantener una verdadera relación personal con el Señor, a buscarlo para ganar autoridad, ha dar un testimonio que sea ejemplo a nuestra familia, pues eso es lo que Dios anhela de nosotros. Mientras muchas familias se pierden y se van para el mundo, ¿Qué estas haciendo con la tuya?, yo no se tu, pero Yo y mi casa serviremos a Jehová. Autor:Enrique Monterroza www.destellodesugloria.org
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Compañeros ministros, obreros del Señor, líderes cristianos, en este escrito presentamos el perfil del hombre al que Dios utiliza. El hombre enviado de Dios «Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. Juan no era la luz sino para que diese testimonio de la luz» (Jn. 1:6-8). El hombre a quien Dios utiliza, en primer lugar, es un hombre que está consciente, es un hombre que vive consciente, 24 horas al día, de su vocación, de su irresistible vocación divina. «Fue un hombre enviado de Dios.» Hoy en día, como ha ocurrido a través de las edades, son muchos los que se autoenvían, esto es, se envían a sí mismos. Han hecho del ministerio cristiano su modus vivendi, han hecho del ministerio cristiano su medio de vida. Son ministros porque para eso estudiaron. Son ministros porque eso es lo que saben hacer. Son ministros porque para eso les pagan. A otros les envían sus familiares —el deseo de la madre, la presión de la familia— querían tener un hijo en el ministerio cristiano. Ya lo tienen, pero no ha sido enviado de Dios. A otros los han enviado sus respectivas organizaciones eclesiásticas a las cuales están jurisdiccionados —presbiterios, convenciones, juntas— y están en el lugar enviados por los hombres por un tiempo determinado para realizar una obra determinada, y están ahí hasta que la organización lo determine. Pero colegas, quiero decirles enfáticamente que aun estaba más que consciente de que era lo que era, hacía lo que hacía, porque para eso lo había levantado Dios. Para eso y nada más que para eso, para ninguna otra cosa. Su sentido de vocación cristiana le permitió vivir esa vida austera, ser en muchos sentidos el hazmerreír de propios y extraños, vista su rara indumentaria, y como anacoreta del desierto allá en la soledad. Pero él sabía lo que hacía, y cuándo se tenía que enfrentar a la gente, Dios le daba una santa audacia en la entrega de su mensaje. Frente a la clerecía, llámense príncipes de los sacerdotes, escribas, señores del pueblo, les decía: «Generación de víboras». No cedía al respeto humano, como el común de los humanos que sabemos tener mucho respeto a los poderosos. Cuando el reyezuelo Herodes le arrebata la esposa a su propio hermano, y la toma por mujer, es el hombre de Dios, Juan, quien con audacia le dice: «No te es lícito tener por mujer a la mujer de tu hermano». Consciente de su misión, no era un diplomático. Al pan le llamaba pan y al vino le llamaba vino. A cada cosa la llamaba por su propio nombre, sin temor a ser mal recibido, a ser mal visto, sin temor a la represalia, sin temor a ir al mismo cadalso, como a la postre ocurrió. Leighton Ford, en su libro «La gran minoría» cuenta que en sus jornadas misioneras en el Africa, en un país musulmán, estaba un misionero de la Iglesia Reformada de Francia. Era un académico, un hombre notable. En el aeropuerto de esa capital africana, empezó a conversar con el misionero y resultó que este hombre en 4 años había logrado sólo dos convertidos. ¡Dos convertidos en 4 años! Un hombre tan capaz, tan talentoso, que podía estar enseñando en una universidad, con capacidades como para ayudar a una iglesia haciendo muchas cosas. Entonces Leighton le preguntó, «¿Por qué está usted aquí, si tan sólo ha logrado dos convertidos?» Aquel hombre le dijo, «Yo estoy aquí, porque Dios me tiene aquí». Sentido de vocación. Vocación a toda prueba. Amado hermano, compañero, lector, amigo, ¿puedes decir lo mismo? ¿Actúas a la luz del llamamiento? ¿Por qué estás donde estás? ¿Por qué predicas lo que predicas, enseñas lo que enseñas, visitas, haces, vives? ¿Por qué? «Predico porque no puedo hacer otra cosa. Arde dentro de mí un fuego que me abrasara si callare», dijo alguna vez el célebre predicador londinense, Carlos H. Spurgeon. ¿Por qué enseñas, por qué sirves, por qué visitas? ¿Estás consciente de tu vocación al ministerio cristiano? Es hombre antorcha, es hombre tea Ahí mismo, en Juan 5:55, leemos: «Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad». Versículo 35, «El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz». En segundo lugar, el hombre de quien hablamos, que Dios puede usar con poder, como usó con poder al hombre cuyo perfil estamos tratando de presentar, es un hombre tea. Escúchenlo bien, un hombre tea, un hombre antorcha; que alumbra, que se consume, que se gasta, que ilumina vidas, que muestra la senda al desorientado, que dice, «Este es el camino, andad por él». «Entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo», afirma el de Tarso. «Alumbre vuestra luz delante de los hombres», dijo el Señor. Pero Juan no sólo alumbraba, sino que ardía, se quemaba, se gastaba, como una vela que se enciende y alumbra; pero por el hecho de alumbrar se está gastando, se está consumiendo y termina por extinguirse. Dijo el Señor, «Y vosotros quisisteis regocijaros por un poco de tiempo en su luz», Por un poco de tiempo, una vida fugaz y pasajera. Lectores amados, el ministerio de Juan fue un ministerio breve, muy breve; pero efectivo, más que efectivo, porque el hombre en esos pocos meses o años, se realizó plenamente. El no dejó su tarea inconclusa. Hizo lo que tenía que hacer, dijo lo que tenía que decir, vivió lo que tenía que vivir, se quemó lo que se tenía que quemar. Misión cumplida. Antorcha que ardía y se consumía. Amado colega, Dios emplea a un hombre así. Pero sólo al hombre que está listo para darse a sí mismo en el altar del servicio. La desgracia contemporánea es que la inmensa mayoría quiere alumbrar sin arder, quiere arder pero sin gastarse, sin consumirse, sin extinguirse, y a esa gente Dios no la utiliza. No quieren gastarse, se administran, se cuidan, se aman demasiado como para darse de una buena vez y para siempre en el servicio al Señor. Pero amar a Dios es dar la vida, como Jesús quien «me amó y se entregó a sí mismo por mí». Se espera que nosotros demos de sí antes que pensemos en nosotros, y actuemos, como se dice de aquel poeta que «vivía intensamente más, mucho más que extensamente». Juan no fue una persona que se estuvo cuidando. No era de las personas que no ponen toda la carne de una vez en el asador. La ponía toda de una buena vez en el asador. Se daba de una buena vez en cada entrega de su mensaje. Dios emplea al hombre o la mujer que está dispuesto a arder, a darse, a consumirse. Se espera que se levanten pastores que no se pastoreen a sí mismos, que no vivamos para nosotros mismos, que no estimemos nuestra vida preciosa para nosotros mismos, que nos demos cada día, que nos entreguemos cada día, a Dios y al hombre también. Deja de ser para que Jesucristo sea En tercer lugar, leamos en Juan 3:26 al 3:33 «Y vinieron a Juan y le dijeron: Maestro, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tu diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él. Juan dijo: Mira, el hombre no puede recibir nada, si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye se goza grandemente a la voz del esposo; así pues este mi gozo está cumplido». Lean cómo termina el discurso del precursor: «Se impone que Jesucristo crezca, impone que yo, Juan, decrezca». Es un hombre que en verdad deja de ser para que Jesucristo sea, es un hombre que muere, para que Jesucristo viva. «¿Quién eres?» Cuando vieron que Juan estaba en la cúspide de su misión, dijeron los enviados, «¿Eres tú el Cristo, eres tú Elías, eres tú el profeta?» No, no, no, dijo el precursor a tales interrogantes. «Pues entonces ¿quién eres? dinos para que demos testimonio de ti a los que nos han enviado». Dijo él, «Yo soy una voz». Esto es, yo soy tan sólo un sonido que pasa tan sólo una expresión que va a desaparecer, eso soy yo. Juan había puesto el dedo en la llaga de la sociedad hebrea de su época, y las multitudes iban más allá del Jordán confesando sus pecados y pidiendo el bautismo del arrepentimiento. Juan se había hecho muy popular, pero no era la misión de Juan hacerse popular. Eran muchos los que seguían a Juan, pero su misión no era llamar a hombres par que fuesen detrás de él. Él era heraldo del Rey de los reyes y del Señor de los señores, él era el precursor que iba delante de su faz, él era el que iba preparando el camino para que en él transitase el Señor Jesucristo. Y cuando Jesucristo apareció, apuesto y hermoso señalado entre diez mil en las márgenes del río Jordán, el bautizador le contempló y dijo, «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». De inmediato se fue tras telón, desapareció. Cuando Jesucristo comenzó a crecer, Juan comenzó a decrecer; cuando Jesucristo comenzó a ser, él comenzó a dejar de ser. Cierta vez cuando llegué al púlpito de una de las iglesias de Sevilla, me encontré con esta expresión: «Pastor, predicador, querríamos ver a Jesús». También recuerdo que ya estaba listo para entregar un mensaje en la ciudad de Madrid, cuando en una parte que solamente el predicador podía leer, estaba esta expresión: «Háblanos de Jesús». Como si la iglesia le dijera al predicador: «No nos hables de ti háblanos de Jesús. Que no seas tú, que sea Jesús». Juan no llevó gente tras sí, la llevó ante el Señor Jesucristo. Dios utiliza en la tarea evangelística y misionera a los hombres y a las mujeres que dejan de ser para que Cristo sea, que le dan toda la gloria, todo el honor, todo el imperio al Señor Jesucristo. Los líderes contemporáneos somos demasiado visibles, los líderes contemporáneos somos demasiado audibles, los líderes contemporáneos somos demasiado tangibles y la gente como que nos quiere decir, «Hermano líder, pastor, obrero, misionero, querríamos ver a Jesús, no a ti. Querríamos oír a Jesús, no a ti». Nuestro privilegio es que no nos vean, que no nos palpen a nosotros sino que vean y palpen única y exclusivamente al Señor Jesucristo. Hombres ha habido a quienes Dios ha usado en un campo, pero se comenzaron a llenar de soberbia y al llegar a la prominencia no actuaron como Juan. Se han hecho famosos, fuertes, poderosos y han cedido a la tentación de ser, de sentir que merecían ciertos privilegios, ciertas atenciones, ciertas consideraciones, ciertos reconocimientos, y Él que es celoso, que no comparte su gloria con ninguno, los rae; los rae del ministerio cristiano, y aunque ahí están, más que viviendo están vegetando, porque ya dios no los está utilizando. El hombre a quien Dios emplea, es un hombre que deja de ser para que Él sea, que muere para que Cristo viva, que trabaja, que da, que sirve, sin importar para quién sean los créditos y los reconocimientos. Dios no está usando. Dios quiere usarnos más si nosotros exhibimos un perfil, como el perfil que hemos presentado en este escrito. Que dentro de algunos años, pocos o muchos, qué sé yo, Él lo sabe, usted, usted y yo, y cada uno, habremos dejado nuestro lugar, pero los vecinos, los amigos, los parientes y todos aquellos a quienes servimos y ministramos, van a expresarse respecto de nosotros. Que su expresión sea: «A la verdad, Juan, Pedro, María, Marcelino, a la verdad ninguna maravilla hizo; pero todo lo que él dijo, todo lo que pregonó respecto de Jesucristo, era verdad, la pura verdad». «Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y ahí se quedó. Y muchos venían a Él y le daban este testimonio: Juan [el precursor, el bautizador, el heraldo del Rey], Juan a la verdad ninguna señal hizo; pero todo, [absolutamente todo] lo que dijo respeto de éste [Jesús], era verdad» (Jn. 10:40-42).
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