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13 mar 2010

Soy víctima de la fornicación.

Soy viuda desde hace doce años. Tengo una hija de once años que nació a los pocos meses de morir mi esposo. Hace tiempo me entregué a un hombre casado y con hijos. El no desea romper con su esposa para casarse conmigo, pero al mismo tiempo me cela mucho hasta el punto de llegar a maltratarme porque cree que yo no le he sido fiel. Soy una mujer de buena posición económica, soy licenciada en leyes y tengo lo suficiente para vivir cómodamente. He tratado de romper con él, pero se pone violento, y aunque conozco las leyes me da temor confrontar esta situación. El desenlace tiene que comenzar en su propia vida, señora. En primer lugar tiene que haber una solución espiritual y luego una solución práctica. La solución espiritual está en la persona del Señor Jesucristo. Los consejos que le doy están en su totalidad basados en la Palabra de Dios, la Biblia. He conocido muchas personas con casos similares al suyo, y tales personas encontraron la solución cuando empezaron a considerar a Dios esencial en sus vidas. Ante todo, entonces, tiene que entregarle su vida a Cristo y recibirlo en su corazón. Debe reconocer que todos estos años en que ha llevado una vida inmoral con este hombre, han sido años de pecado. Pero Jesucristo puede borrar el pasado y limpiar su corazón. En segundo lugar, usted tiene que comenzar a orar a Dios para encontrar un método correcto de terminar con este hombre. Si sigue con él, nunca encontrará la paz que está buscando, ni tampoco podrá conocer el plan de Dios para su vida (que a lo mejor incluye un compañero ideal que Dios le haya preparado). Quiero sugerirle que se reúna con sus padres y les cuente el drama de su vida. Estoy seguro de que ellos estarán dispuestos en ayudarla a terminar con este hombre. Tal vez por algún tiempo ellos debieran vivir con usted para respaldarla. Usted debe hablar con este hombre, pero no en privado sino en presencia de sus padres u otra persona respetable, para que él se dé cuenta de que usted está hablando en serio y que tendrá el respaldo de otras personas para cumplir con su decisión. Dígale que deben terminar la relación porque usted se ha dado cuenta de que lo que están haciendo está mal. No hable con amenazas sino en el amor de Dios, ya que usted quiere obedecer a Dios. Explíquele la decisión que ha hecho de aceptar a Cristo en su corazón, deje en claro que no desea destruir una familia y que por otra parte su obligación es ser una madre ejemplar para su hija. No va a ser fácil, pero Cristo en su corazón le dará el coraje y el ánimo que necesita para dar este paso decisivo. Le recomiendo también que se una a un grupo de cristianos que conozcan a Cristo como su Salvador personal y lean y estudien la Biblia. Esto es esencial para toda persona que empieza una nueva vida con Cristo en el corazón. Luis Palau
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La consejería como un ministerio

Desde el comienzo de la humanidad el aconsejar ha sido una forma de dar una opinión sobre algún asunto específico. Se puede utilizar el consejo para bien o para mal. En Génesis 3:1-6 podemos notar que la serpiente aconsejó a Eva a comer el fruto prohibido por Dios, lo cual implicó la desobediencia a Dios y caída del ser humano. La Biblia nos enseña que Dios es nuestro Consejero (Salmos 73:23-25; Proverbios 19:21; Isaías 9:6). Aconsejar no sólo es dar alguna opinión sobre un asunto, sino es algo más que eso, es consolar al que necesita de nuestra ayuda. Dios mismo nos da la pauta al decir que El “como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará a los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas” (Isaías 40:11). “Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada, vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil” (Ezequiel 34:16). El Señor Jesús nos enseña en la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37) que nuestro prójimo es aquel que necesita nuestra ayuda. Hoy en día cuántas personas en nuestro derredor son heridas y maltratadas, violentadas y despojadas de la paz, sin el gozo de vivir una vida en plenitud, tal como quiere Dios. Nuestra sociedad actual está perturbada por tensiones, inseguridad, violencia de pandillas, ansiedad, desviaciones morales, infelicidad matrimonial y problemas de adolescentes. La pregunta a esta altura del camino es: ¿Quién les ayudará a vivir una vida plena?. De todo lo mencionado líneas arriba se desprende que todos los creyentes en Cristo, que nos llamamos cristianos, estamos llamados a ser sus colaboradores del Reino; en primer lugar, porque fuimos rescatados por El del hoyo en que nos encontrábamos y esto sólo por amor, en segundo lugar, somos consolados por el Señor en cada momento de nuestras tribulaciones. Hay una correspondencia con Dios y con nuestro prójimo, pero desgraciadamente, muchas veces estamos muy ocupados con nuestros asuntos o cosas y somos como el sacerdote y levita de la parábola. Tan ocupados estamos que no atendemos a los que son heridos por problemas abrumadores. Es pues una tarea permanente del cristiano, el aconsejar y consolar a todo aquel que necesita una ayuda. Nosotros estamos en el mundo y vivimos en medio de todas estas personas heridas, son las ovejas del Señor. Esta tarea se convierte en un ministerio para todo cristiano, ya que el paradigma de nuestro quehacer es el ministerio de Jesús, no hay otro. La consejería debe ser vista y entendida como una gran oportunidad que Dios nos brinda para ayudar a otros. Ser Consejero implica una relación entre por lo menos dos personas. Una de ellas (el consejero) busca ayudar a la otra (el aconsejado) a resolver y anticiparse a los problemas de su diario vivir. En el trabajo de consejería, el consejero cristiano busca aplicar la sabiduría de Dios a los problemas de la vida. El consejero cristiano en su tarea cotidiana se ocupará en ayudar a su prójimo: * Cambiar actitudes, acciones o valores; * Aprender habilidades, por ejemplo: Cómo relacionarse adecuadamente con las demás personas, cómo comunicarse, cómo estudiar o cómo orar; * Reconocer sentimientos de ansiedad, temor, soledad o ira; * Entender las causas de los problemas; * Tomar responsabilidad por cambios de conducta y de actitudes; * Reconocer el pecado, confesarlo y experimentar el perdón de Dios; * Tomar decisiones inteligentes; * Aceptar ayuda o estímulo y algunas veces dar apoyo a otros; * Reconocer y tomar alguna clase de acción con relación a futuros problemas que pudieran surgir; y * Aprender a crecer como un discípulo de Jesucristo. Finalmente podemos decir que el Consejero también tiene un lugar muy importante en la vida del colegio. Desempeña un papel único en las ocasiones significativas el alumno. Los padres acudirán a él cuando los hijos causan problemas. El Consejero tiene la gran responsabilidad de aconsejar bien, con la verdad en las manos; de lo contrario las consecuencias serán funestas. El aconsejar no es fácil, es agotador, consume mucho tiempo, y a veces no se logra los objetivos propuestos. Pero vale la pena cumplir este ministerio tan necesario para el bien de los demás. Todo esto debemos hacer en el nombre de Aquel que “no vino para ser servido, sino para servir” (Mateo 20:28). Fuente: www.angelfire.com
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