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13 mar 2010

Ministerio de una mujer de Dios.

La mujer de Dios tiene amplias posibilidades de realización y de servicio. A. EL HOGAR. “Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.” (1ª Tim. 2:15). “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” (Tito 2:4-5) . “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor”. (Ef. 5:22) “La mujer respete a su marido”. (Ef. 5:33b). De estos pasajes, podemos extraer dos áreas de responsabilidad de la mujer en el hogar: 1. Amar y respetar a su marido. 2. Amar y cuidar de sus hijos. Amar y respetar a su marido. El primer mandamiento es amar. Siendo la mujer de un carácter sensitivo y afectuoso, no resulta por lo general muy costosa esta demanda. La mujer creyente que se ha casado enamorada, tendrá una disposición favorable hacia su marido, lo cual le facilitará enfrentar los días difíciles, y reforzar los lazos de amor ya existentes. Ahora bien, si no se ha casado enamorada, entonces hallará la oportunidad de encontrar en Dios el amor que le fue esquivo. Sea como fuere, podrá llegar a amar a su marido con el amor del Señor, incluso aunque éste no sea creyente. Ahora bien, la demanda de respetar al marido pudiera encontrar mayores dificultades que la de amarlo. El carácter de la mujer es más vivo, y rápidamente querrá adelantarse a su marido en la opinión, en el parecer y aun en la toma de decisiones, lo cual puede transformarse en una tendencia a descalificarlo. Si el amor de la mujer hacia el marido pudiera considerarse un sentimiento más o menos natural y espontáneo, el respeto no lo es. Por tanto, la mayor demanda para la mujer es respetar a su marido, valorándolo como la iglesia valora a su Señor. El amor (sin el debido respeto) pudiera ser para la mujer una cómoda excusa para manipular al marido, y una causa de roce permanente que provoque el desagrado de Dios. Amar y cuidar a sus hijos El amor a los hijos se traduce en los cuidados, la crianza, la instrucción, y la disciplina, en el Señor. (Ef. 6:4). El amor de la mujer hacia sus hijos es el afecto más necesario para ellos, y por lo tanto, es indelegable. Esto significa que una mujer de Dios no puede traspasar esta función a otra mujer. Podrá recibir ayuda, pero no puede ser reemplazada. Una mujer que trabaja demasiado, y que, por ende, está demasiado tiempo lejos del hogar, corre el peligro de que la ‘nana’ ocupe en el corazón de sus hijos el lugar que le corresponde a ella. La ‘nana’ puede ocupar perfectamente su lugar en la casa; pero no el de la madre en cuanto al amor y la instrucción de los hijos. Así que, el hogar es el primero e indelegable ámbito de acción y de servicio de una mujer de Dios. Si falla en esto, falla en todo. B. MÁS ALLÁ DE SU HOGAR. Si cumple bien su ministerio doméstico, la mujer creyente tiene posibilidades de un amplio servicio más allá de su hogar. 1. En la iglesia. Una metáfora de esto la encontramos en el Antiguo Testamento. Cuando se erigió el tabernáculo en el desierto hubo “mujeres sabias de corazón (que) hilaban con sus manos” los adornos del tabernáculo (Exodo 35:25-26). Las manos de una mujer dan cuenta de la sabiduría de su corazón. Así es también en medio de la iglesia. Hay servicios que difícilmente va a poder cumplir un varón, y es ahí donde la mujer tiene que ocupar su lugar. Hay “obras de misericordia” (Rom. 12:8b,13) que están esperando a las mujeres de Dios para su realización. Están las “buenas obras” de 1ª Timoteo 5:10: la práctica de la hospitalidad, el lavar los pies de los santos, socorrer a los afligidos, y, en general, toda buena obra. 2. Entre los no creyentes. Hay una piedad práctica que puede desarrollarse entre los incrédulos, de lo cual nos da buen ejemplo la hermana Dorcas, de Jope. (Hechos 9:36-39). Ella “abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía.” Ella favorecía a las viudas pobres de la ciudad confeccionándoles túnicas y vestidos. El amor práctico que ella sembró en esas mujeres dio lugar, después de su muerte, a una dramática intercesión ante el apóstol Pedro, para su resurrección. La piedad práctica de Dorcas sembró una semilla en el corazón de esas viudas que dio después fruto para la gloria de Dios. Cuando una mujer hace misericordia a los no creyentes, hallará sin duda la oportunidad para testificar de su fe. Entretanto, debe servirles con amor, como al Señor. 3. En sus negocios. La mujer virtuosa de Proverbios 31 nos da ejemplo en esto. ¿Qué hace ella? Ella trabaja con sus manos la lana y el lino (v.13), y cuida sus negocios (v.18). “Aplica su mano el huso, y sus manos a la rueca”. (v.19). Ella “hace telas, y vende, y da cintas al mercader.” (v.24). No está vedado para la mujer de Dios ocuparse en estas cosas. Al contrario, puede ser de bendición para su marido y para sus hijos, el contar con algunos recursos para atender a necesidades especiales de la familia. De manera que la mujer de Dios puede servir a Dios más allá de su hogar, pero sin descuidar su hogar. Si atiende bien su casa, podrá ir tan lejos como quiera (en sujeción); si no, tendrá una pérdida irreparable. Las posibilidades de incursionar en ámbitos extra hogareños se harán más viables una vez que los hijos hayan crecido. Entonces encontrará formas de acción que, junto con darle ocasión de realización personal, le ayudará a mitigar el vacío que los hijos van dejando tras su partida del hogar. Y sobre todo, le permitirán ejercer plenamente su ministerio como mujer que ama a su Señor. Fuente: Aguas Vivas.
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Una mujer de dignidad y fortaleza.

La Biblia está llena de grandes mujeres. A lo largo de toda la historia del tiempo, marcha una sucesión interminable de mujeres valientes y de visión, de mujeres virtuosas, de mujeres abnegadas. Las Escrituras se refieren particularmente a algunas de ellas. No hace mucho participé en un pequeño proyecto. Hice un recorrido mental a través de toda la Biblia trayendo a la memoria las mujeres mencionadas en la Palabra de Dios. Una de esas mujeres es, por supuesto, Ester, que vivía en el anonimato con su primo Mardoqueo, en el país de Persia. El rey Asuero había regresado de la guerra, derrotado, solitario y necesitado de afecto y de compañía permanente. Sus consejeros le habían dicho: “Busquemos a todas las jóvenes casaderas hermosas que hay en el reino de Persia, en todas las provincias, y traigámoslas aquí para que hagas tu elección.” Lo que le estaban sugiriendo es lo que llamaríamos hoy un concurso de belleza, simple y llanamente. El historiador judío Josefo nos dice que había quizá hasta 400 mujeres involucradas en este notable concurso. Tendrían un año para pulirse en todo arte de seducción y para realzar su belleza mimando sus cuerpos y aplicándoles el arte de la cosmética, de los peinados y vestidos. Finalmente, se esperaba que la elegancia, el encanto, la belleza física y la seducción erótica se impusieran. Cada una de ellas debía pasar una noche con el rey, quien entonces haría su elección. Aquí tenemos los concursos de “Miss Internacional” y de “Miss Universo” combinados en uno, pero con un premio mayor que cualquiera de los que estos ofrecen: la ganadora se convertiría en la reina de Persia. Yo sospecho que las mujeres de todo el país clamaban por la oportunidad de tomar parte en esto, menos una: la heroína de nuestra historia (Est 2.5a, 7). Ester formaba parte de la minoría. Su pueblo, los judíos, habían venido a esta tierra como cautivos, como botín de guerra. Ella está viviendo una vida de oscuridad en un hogar muy protegido y monoteísta. Ester no había sido atrapada por todo el alboroto del concurso de belleza. Sin embargo, es obvio que su belleza física atrajo la atención de alguien mientras continuaba la búsqueda. Leyendo Ester 2.8, la expresión «fue llevada», puede significar «tomar por la fuerza», y así aparece traducido en otras partes del Antiguo Testamento. Algunos eruditos judíos le dan esa interpretación en este pasaje. No se nos dice si Ester fue «forzada» a ir. Pero creo que sería justo decir que había renuencia de su parte. Simplemente deténgase y piense: ¿Por qué habría querido una joven judía involucrarse en un plan que la obligaría a abandonar la única familia que tenía, bajo la tutela de alguien que ella amaba y respetaba, Mardoqueo? ¿Por qué habría querido pasar un año encerrada bajo llave en un harén, culminando en una noche con un rey pagano que podía resultar en la posibilidad de un matrimonio mixto fuera de su raza? Creo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que fue con renuencia. ¿No es reconfortante encontrar un poco de timidez en una mujer hermosa? ¿No es encantador observar la verdadera belleza, que está acompañada de modestia y de la falta de interés en competir para lograr un premio por las cualidades físicas? Lo veo en Ester y me siento impresionado por ello. Según 2.9, Ester obtuvo ventaja de su condición; porque no sólo se ganó el favor de quienes la habían descubierto, sino también el de Hegai, que tenía una gran influencia en el palacio. Por eso le dice: “Lo que quieras, puedes tenerlo.” Piense en eso. Pero nada de esto se le sube a la cabeza. La belleza del carácter de Ester se revela en el hecho de que su encumbramiento no dañó su personalidad; a una persona más débil la habría mareado tanta exaltación a su belleza. El harén era el sitio ideal para “un viaje” de seducción. Era el lugar donde las mujeres cultivaban la habilidad de utilizar sus encantos para lograr lo que querían, es decir, la posición más alta que una mujer podía tener en el reino. Este era el sitio donde las mujeres podían tener todas las joyas, todos los perfumes, todos los cosméticos y toda la ropa que necesitaran para resultar físicamente atractivas y tentadoras al solitario rey. ¡Este era el lugar que, en comparación, convertiría en insignificantes a las tiendas más elegantes, caras y exclusivas que hay en el mundo hoy! Pero es en este medio embriagante que Ester, la encantadora estrella de Dios, brilla con mayor intensidad. Y lo hace al exhibir seis cualidades reales de fortaleza interior y de piadosa dignidad. Seis características de dignidad y fortaleza En este versículo la traducción literal del texto original es: “Provocó gracia ante su rostro.” ¿No es una expresión hermosa? Aunque había sido llevada al harén y participaba en estas actividades de manera renuente, Ester no mostró una actitud negativa. Estoy convencido de que ella sentía la mano de Dios en su situación. ¿Por qué más podía estar allí? Ante la imposibilidad de decir no, Ester fue un dechado de gracia ante el rostro de Hegai, el influyente servidor del rey. ¡Qué diferencia entre Ester y todas las demás mujeres que había a su alrededor! Sus cualidades internas no podían ser ignoradas. Estas, de hecho, captaron la atención del servidor del rey. Ester era tan gentil y refinada que Hegai le proporcionó de inmediato todas las cosas que necesitaba, y algunas más. Era consentida y mimada al máximo. En este lugar se llegaba a cualquier exceso para cultivar el arte de la seducción y las técnicas eróticas del coqueteo que hicieran posible cautivar el corazón de un rey solitario. Sin embargo, en medio de todo esto, esta encantadora mujer “provocó gracia”. Segunda: Ester demostró una reserva y control poco comunes (Est 2.10) Dios le ha dado a las mujeres un aire de misterio. Esto es algo que, sinceramente, los hombres no tienen. Nosotros los hombres somos una camarilla bastante pronosticable. Con mucha frecuencia he escuchado decir a un hombre: “Es que no la entiendo. Sencillamente no la comprendo.” Por ejemplo, una mujer dirá: “Lo que necesito es un buen llanto.” ¿Qué es un buen llanto? En toda mi vida, mi querido amigo, yo jamás he experimentado un buen llanto. Mi mujer sí. También otras mujeres de mi familia. Pero esto es un misterio para los hombres. Lo digo con toda sinceridad: Yo jamás he podido entender cómo se puede sentir uno bien después de llorar. En toda mujer hay un aire de misterio, una imprevisibilidad que a los hombres les resulta enigmática. La capacidad de Ester de mantener la reserva no hace sino aumentar el misterio, particularmente su reserva verbal. Ella sabía mucho más de lo que decía. Sabía guardar un secreto. La reserva verbal se está convirtiendo rápidamente en una virtud del pasado. Gracias a las revistas sensacionalistas que lo cuentan todo y a los programas de entrevistas de la televisión donde nadie se guarda nada, no hay reserva en absoluto. ¿Cuándo fue la última vez que alguien se ruborizó en la televisión? Pero la reserva y el control operan siempre en favor nuestro. Las mujeres deben aprender a guardar confidencias, especial-mente si tienen que ver con su esposo, con su familia y con sus amistades. ¡Que la conozcan por saber guardar un secreto! Eso es parte de una personalidad caracte-rizada por la dignidad y la fortaleza. Tercera: Ester tenía un espíritu siempre dócil (Est 2.10 y20) El haber sido una de las finalistas en esta delirante competencia, o después, el haberse convertido en reina no hizo que Ester hiciera alarde de su independencia ni que se diera ínfulas con sus habilidades. ¡No ella! Esta preciosa, digna y sabia mujer seguía dispuesta a escuchar y aprender. Ester sigue siendo un excelente ejemplo para las mujeres hoy. Algunas de ustedes son maestras excelentes que tienen la capacidad de pararse frente a un grupo y exponer la Biblia, o de disertar sobre alguna área en la que son competentes y mantener al público embelesado por la agudeza de ingenio y creatividad que demuestran. Otras de ustedes se han distinguido en el servicio público. Han desempeñado papeles y cargos prestigiosos en la comunidad. Es posible que hayan recorrido mucho mundo y que se muevan con plena seguridad en círculos exclusivos donde hay hombres y mujeres muy influyentes, y con los cuales ustedes tienen una relación personal de confianza. No hay nada de malo en esto. Pero déjeme preguntarle: ¿Ha cambiado eso su disposición a aprender de los demás? ¿Se ve a usted misma como una experta perfecta? ¿O simplemente todo eso la ha hecho consciente de lo inmensa que es realmente su ignorancia? Espero que sea esto último. Cuarta: Ester demostró una sencilla modestia y autenticidad (Est 2.12-15) Recuerde que en este momento Ester no debía tener más de unos veinte años de edad, o podía ser aun menor. Esta era la gran oportunidad de su vida de tener cualquier cosa que deseara. Pero en vez de eso, sigue siendo fiel a lo que le habían enseñado y se guía por el consejo de Mardoqueo, creyendo que él sabe lo que más le conviene a ella. No sucumbe a la tentación que la rodea: a la superficialidad, el egoísmo, la seducción, el egocentrismo. Exhibe una sencilla modestia, una autenticidad, en medio de tanto lujo desmedido. ¡Le dije que se encariñaría con Ester! Francamente, estoy convencido de que Ester se presentó ante el rey sin ningún temor, porque no la consumía la ambición de ser reina. Su vida no giraba en torno a su aspecto físico, ni al propósito de hacer feliz al rey. Estaba allí por una sola razón: Porque sabía que la mano de Dios estaba con ella; por ciertas circunstancias y por la sabiduría de Mardoqueo, había llegado allí por una razón. Para utilizar una de mis expresiones favoritas: sabía lo que estaba haciendo. Sabía quién era. Sabía lo que creía. Y sabía que la mano de Dios estaba sobre su vida. Si era su voluntad que estuviera allí, si eso era parte de su plan, entonces lo aceptaría de buena gana. De no ser así, de buena gana renunciaría a él. Era modesta en cuanto a su persona, y era auténtica. Quinta: Ester fue ejemplo de una gracia amable, a pesar del ambiente (Est 2.15-17) Es evidente que Ester tenía algo en ella que hacía que obtuviera “gracia” de todo el mundo, desde el rey hasta las mujeres del harén que estaban compitiendo con ella por la atención y la simpatía del rey. Pienso que debe haber tenido cierta gracia. El dic-cionario dice que tener gracia es “ser agradable, encantador, atractivo de una manera dulce y cautivadora”. Una persona que tiene gracia nos atrae. Nos sentimos seducidos por el espíritu bello y fascinante de esa persona. Sexta: Ester demostró un humilde respeto por la autoridad (Est 2.18, 20) Muchas personas parecen pensar que cuando alguien se casa ya no necesita del consejo de sus padres. O que cuando se independiza económicamente, depende total y absolutamente de sí mismo. La persona piensa por sí misma y hace lo que le viene en gana. Pero aquí vemos que Ester, a pesar de haberse convertido en la reina del país, se acordaba de la sabiduría de su tutor y seguía su consejo gustosamente. Yo he compartido esta lista de características con mis amadas hijas, esperando no sólo que piensen en ellas sino que también las cultiven. Y es con este mismo sentido de solicitud que comparto estas cosas con usted hoy, porque personal-mente creo que se necesitan más que nunca en el ambiente de inseguridad y sensualidad en que vivimos. Consejos prácticos para las Ester de hoy Ahora bien, ¿qué le dice todo esto a la mujer hoy? Me aventuraría a decir que todas ustedes que han leído este artículo hasta este punto quisieran, a su manera, ser una Ester moderna. Pero estas cualidades parecen ser casi inalcanzables. Suenan tan increíblemente fuera de la realidad. ¿Cómo puede una mujer imaginar siquiera tener todas estas cualidades? Pero puede suceder. Dios no nos engaña con las cosas que dice en su Palabra. Él no se dedica a hacer que su pueblo quede avergonzado yendo tras una expectativa no realista que jamás podrá lograr, yendo tras algo que es totalmente exclusivo de una sola persona, pero que para los demás es un reto frustrante e inalcanzable. Debo añadir de inmediato que usted no podrá hacer suyas estas cosas dejándose guiar por lo que le dice el mundo. Eso sólo le traerá derrota y frustración. Usted, como persona, tiene sus propias presiones, sus propias dificultades, sus propias circunstancias espe-ciales, pero Dios le ofrece las maneras de manejarlas y de convertirse en su persona especial. La pregunta es: ¿Cómo? Le ofrezco dos sugerencias sencillísimas, pero prácticas. En primer lugar, pídaselo a Dios. Pídale que cultive ese carácter en usted. Pídale que le dé una insatisfacción por lo superficial y un deseo más profundo por lo espiritual. Entréguese a su poder y a su corrección. Busque su dirección en las cosas que le faltan. Permita que él la ayude a fijarse metas razonables. Escríbalas en su diario para tener así constancia de que ora en este sentido. Pídale a Dios que le dé esa clase de autenticidad, para poner más énfasis en lo que está sucediendo en lo más profundo de su corazón, y menos énfasis en lo externo, lo superficial, lo frívolo. En segundo lugar, confíe en Dios. Confíe en que él controlará las circunstancias que están a su alrededor, esas circunstancias que quizá está utilizando para no ser la mujer que quiere ser. No espere que sus circunstancias sean perfectas. (¡Usted sabe que jamás lo serán!) Acuérdese de Ester: En el punto culminante del certamen, rodeada de mujeres sensuales, ambiciosas y superficiales, Ester se mantuvo firme. Y, admirablemente, Dios le dio gracia ante los ojos de los demás. Pídaselo a Dios. Confíe en Dios. Nosotros dependemos completamente de él para vida eterna, para perdón, para carácter, para seguridad. Su luz en nuestra vida nos da una aversión cada vez mayor por las cosas que sólo satisfacen a la carne. Su luz nos muestra la importancia del carácter y el cambio increíble que puede producirse si permanecemos firmes en las cosas de Dios. Sólo él puede darnos gracia y atractivo, y evitar que nos convirtamos en cristianos biliosos e irritables. Es su propósito para nuestra vida lo que nos utiliza aun en los harenes de la vida, para que hagamos que las cosas sean diferentes y modelemos un encanto y una belleza que no puede sino hacer que la atención de la gente se dirija al Señor y a su poder. Siento una gran compasión hoy por la mujer de Dios que tiene que aguantar los disparates que dicen los medios de comunicación en cuanto a su papel, a su importancia y a su lugar en la sociedad. No sé de nadie que tenga más derecho a estar confundida, que la mujer de hoy. Ella recibe toda clase de respuestas, toda clase de mensajes ambivalentes, toda clase de supuestas demostraciones de que la independencia es su única manera de volar, y de que ser liberal y hacer lo que le plazca le dará paz y satisfacción permanente. Las mujeres deben estarse preguntando en medio de todo este torbellino, qué es exactamente lo que se supone que deben ser y qué deben hacer. Hay que dar una medida especial de ayuda a nuestras hijas, para que sepan cómo ser mujeres de Dios en este mundo, ya que muchos están listos para darles un guión falso. Comience donde se encuentra ahora mismo Dios le ha dado a la mujer una singularidad que no se encuentra en ninguna otra de sus creaciones. Es a través de la mujer que nacen los niños, y sólo a través de ella. Es la madre quien tiene la influencia más importante durante los años más formativos de la vida del niño. La dirección de una madre es elocuente aunque no se diga ni una sola palabra. ¿Quién no ha captado “la mirada” de su madre? ¿Quién no ha sido movido a tomar una decisión por el silencio de una madre, por el ejemplo de una madre y, ciertamente, por las lágrimas de una madre? Creo que esto es así porque Dios les ha dado a las mujeres por lo menos cuatro cualidades que impactan nuestras vidas. En primer lugar, Dios ha dado a las mujeres una intuición especial. Este es un sexto sentido que les permite penetrar la concha más dura y ver más allá de la fachada impenetrable, y ver la verdad más allá del error y de la falsedad. Las mujeres tienen la habilidad de percibir el carácter o la falta de él mientras que los hombres parecen ser mucho más incautos. La percepción de la mujer es a veces tan increíble, ¡que a menudo nos saca de quicio a los hombres! En segundo lugar, Dios ha dado a las mujeres una resistencia al dolor que no ha dado a la mayoría de los hombres, ya sea al dolor del parto o la capacidad de soportar las penurias a largo plazo. Como la “mujer pionera” de los primeros años de historia de muchos de nuestros países, las mujeres tienen la capacidad de seguir adelante bajo las condiciones más desfavorables, con indoblegable determinación para perseverar. Me resulta imposible mencionar el número de hombres que no tiraron la toalla simplemente porque hubo mujeres que los amaron y creyeron en ellos. En tercer lugar, además de la intuición y la resistencia, Dios ha dado a las mujeres una sensibilidad especial. Nosotros los hombres somos más cerrados, cerrados hacia Dios y hacia las otras personas. Pero las mujeres tienen una receptividad, una calidez, una sensibilidad para las cosas de Dios. La mujer tiene el deseo de crecer, de responder, de sentir, de demostrar afecto hacia las cosas de Dios, que no se encuentran en el hombre promedio. En cuarto lugar, Dios ha dado a las mujeres la cualidad de la vulnerabilidad. La mayoría de las mujeres que conozco tienen menos temor que los hombres de decir la verdad acerca de su vida. Esta es la razón por la que la mayoría de los consejeros le dirán que por lo menos el 70 por ciento de sus clientes son mujeres. Las mujeres están dispuestas a pedir ayuda. Si lo dudan, hombres, recuerden sólo la última vez que se extraviaron mientras conducían su automóvil, y su esposa les dijo “¿Por qué no te detienes y preguntas?”. Los hombres recorremos cien kiló-metros, tratando de hallar la ruta correcta, sólo para demostrar que sabemos a dónde estamos yendo. Una mujer simplemente se detendrá, reconocerá que se ha extraviado y pedirá ayuda. Las mujeres confían más en los demás y están menos a la defensiva. Hasta están dispuestas a admitir sus temores y aprensiones. Las mujeres son, por lo general, las primeras en decir en el matri-monio: “Algo no está funcionando bien aquí.” ¡Pero, anímese! No estoy hablando sólo de las madres y abuelas veteranas. La generalidad de las mujeres tienen todas estas cualidades. Si quiere más pruebas de esto, vea su Biblia. La palabra de Dios está repleta de ejemplos de la dignidad y fortaleza que Dios les ha dado a las mujeres. El encanto de una mujer le dará un puesto de honor. Una esposa excelente le da a su esposo un lugar de importancia, pública y personalmente. Una esposa prudente es un regalo de Dios, mejor que cualquier posesión terrenal. Tal mujer le dará a su esposo el consejo prudente y proporcionará a su familia el liderazgo del discernimiento y del buen juicio. Su toque sobre el brazo del marido es por lo general suficiente para frenarlo o para hacerlo reflexionar de nuevo en lo que ha pensado hacer o decir. ¡Cuánta esperanza puede propor-cionar esto! ¡Cuánta fortaleza y dignidad! Dios es tan bueno por explicar en detalle estas cualidades, justo ahora cuando usted ha comenzado a pensar que sólo Ester daba la talla. ¡No es así! Todas estas cualidades son suyas, suyas con sólo pedirlas, suyas si sólo confía. ¡Por lo tanto, pida! ¡Y confíe! Fuente: Ministros.
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¿Y qué, si estás soltera?

Soltero etimológicamente viene del latín solitarius. Soltero es el estado natural de la persona que se encuentra sin una pareja con la que mantener una convivencia el resto de su vida o durante un período relativamente largo o corto. Ojo, sin una pareja amorosa que no impide amistades con responsabilidad y disfrutar cada momento que tiene Dios para aquel que se encuentre en ese estado. Son muchas las jóvenes en especial adolescentes que fijan sus propósitos en dar con una pareja que cumpla sus expectativas y no es malo, pero hay que tener especial cuidado con arraigar esos deseos en una meta o reto personal que puede llevar a tomar decisiones equivocadas. Dios hace cada cosa perfecta y aún desde el vientre de la madre a escrito su voluntad sobre cada ser humano pero, es de cada uno que depende que se cumpla o se estropee el propósito de Dios en la vida de cada quien. La soltería es un estado de ausencia de un novio o esposo más no ausencia de Dios o grupo de referencia que comparta tu soltería, o más bien tu libertad de hacer cosas que un día ya sea por esposo e hijos no tendrás, porque las prioridades son otras. El viejo refrán reza que del afán solo queda el cansancio, y otro dice que el que mucho escoge con lo peor se queda. Todos son momentos y hay que disfrutar cada uno de ellos con toda sabiduría y responsabilidad. No hay nada malo en desear tener un esposo o un novio estable que por lo menos alimente esa esperanza, dado que ello es un privilegio hermoso, es una gran bendición, pero eso que se convierta en una obsesión si es riesgoso tanto para ti como para el que crees que será tu hombre. El dejar de ser soltera no puede ser el único motivo de tu oración, la palabra dice “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y lo demás vendrá por añadidura”. La tradición oral es más coloquial y dice “todo a su tiempo, lo que es para una se le guarda”. En otras palabra no debes renegar porque aún no has hallado el amor de tu vida, por el contrario dile a Dios que estas esperando en su momento y que el tiempo de soltería quieres disfrutarlo con gozo y sin interiorizar tristezas en tu alma por lo que tanto buscas. Dios traerá ese esposo a su debido tiempo, sin afanes y ten la certeza que lo está moldeado para ti y a ti para él, como te lo mereces. Tu estas entera, eres bella no importa lo que las demás piensen, tu eres un ser único e irrepetible y por allí hay alguien hecho para ti. Disfruta de tu soltería, entrégate totalmente a Dios y guárdate para ese que un día será un hombre muy afortunado. Saca tiempo para servir a Dios con pasión y gozo, para alabarlo, adorarlo, edificarte en su palabra y aprovechar el tiempo en tus estudios y hobbies que ejerciten tu cuerpo y mente. Pasa más tiempo con tus padres y no menosprecies sus concejos, tu familia es una bendición que muchos añoran y cuando tú crees que nadie te necesita es cuando más alguien anhela tu compañía. ¡Adelante linda mujer! Fortalece tus talentos, explota tu imaginación, vive bajo la orientación y el gran amor de tu Padre Celestial que desde el cielo te ve con infinita misericordia. Adelante que tu estado civil no demarca el éxito, no te compares con las demás, casarse es una bendición que te llegará en el momento justo, quizás así como llego a ti este artículo. Recuerda que lo que te aparta de Dios no viene de Dios. “Hay así mismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del señor, para ser santa así en cuerpo cómo en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido”. 1 Corintios 7:34 Fuente: www.destellodesugloria.org
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El rostro de Susan delató repugnancia la primera vez que su marido le sugirió que vean juntos una película para adulto. “Cariño, no sólo deseo realzar nuestra relación intima,” exclamó Jim, “sino que ya no necesitaré tener una vida sexual separada de ti. Esto terminará con todo secreto de nuestro alrededor.”Ella por mucho tiempo tenía la esperanza de que él parase su adicción “online”, pero ésta era tan grande. “Somos cristianos, Jim,” protestó, “¡y esto es incorrecto!”"¿Incorrecto?” respondió Jim. “Conozco terapeutas cristianos que sugieren el uso de esto para mejorar sus vidas sexuales. ¿Cómo puede esto ser malo?”Después de años de tratar con la vida secreta de Jim, Susan eventualmente aceptó y se unió a lo que se está convirtiendo en un número cada vez mayor de mujeres cristianas que regularmente ven pornografía. Este fenómeno estremece el “mundo cristiano” pues los hombres son visualmente estimulados y por lo tanto son más propensos a una visión pornográfica. Tradicionalmente, las mujeres son mucho más propensas a la nostalgia, fantasías románticas que a crudas escenas de gente envuelta en actos sexuales. Sin embargo, durante los últimos años una nueva tendencia ha emergido: mujeres que ven pornografía en números alarmantes. Para ilustrar esto, Nielsen NetRatings informó que casi una tercera parte de visitantes a sitios web para adultos son mujeres. Estiman que 9.4 millones de mujeres en Estados Unidos accedió a pornografía en línea en septiembre de 2003.[i]Un artículo reciente en “Mujer Cristiana de Hoy” parece apoyar sus aseveraciones. “Una de cada seis mujeres, incluyendo cristianas, luchan contra la adicción a la pornografía,” declara la autora Ramona Richards. “Esto es 17 por ciento de la población, que, según una encuesta realizada por la organización de investigación Zogby Internacional, es el número de mujeres quienes verdaderamente creen que pueden encontrar satisfacción sexual en Internet.”[ii] Personalmente tengo mis dudas que el 17% de mujeres cristianas están viendo pornografía. Sin embargo, la mitad de esa cantidad representa un muy inquietante número de mujeres. Implicación Inicial La forma como Jim introduce a Susan en el mundo de entretenimiento de adultos es típico de cómo la mayoría de mujeres son implicadas. La primera vez que él trajo a casa una película, ella se estremeció por lo que vio. Esto fue tan repugnante para ella que trato de ignorar las escenas que estaban siendo reproducidas en la televisión de su dormitorio, en vez de eso trato de enfocar su atención en su esposo. En cuanto a Jim, ella nunca lo había visto tan apasionado hacia ella. ¡Esto era emocionante!. En los días siguientes Susan peleaba con lo que había hecho, vacilando entre la culpabilidad y el entusiasmo. Al final, ella tomó una decisión consciente, estaba dispuesta a cambiar su propio respeto por el cariño de él.Tal como Jim había prometido, había aumentado el nivel de pasión en su intimidad que no había sido así desde su noche de bodas unos veintitantos años atrás. Una vez que ella superó el choque inicial de lo explicito, llegó a buscar constantemente sus “tiempos especiales” los sábados por la noches. El intenso placer de estas experiencias les dio algo que podrían compartir juntos. Una cosa que sorprendió un poco a Susan fue la calidad de los videos. No eran las películas baratas producidas que ella esperaba. El mundo de entretenimiento para adultos tenía sus propios productores, directores, equipos de cámara, estrellas, etc. Cada vez, Susan comenzaba no sólo a disfrutar los efectos de las películas en su vida sexual sino también las películas en si mismas. Mientras que Jim estaba fascinado con todas las partes y con escenas explícitas, Susan estaba atraída por las historias de seducción y sus actores – y actrices favoritos. Sí, la lujuria por las mujeres había sido encendida en ella. Su relación parecía idílica esas primeras semanas. Aunque Susan tuvo que silenciar su conciencia culpable y sofocar sus preocupaciones que le regañaba, ella y Jim consiguieron estar mejor que antes. Pero, como sabemos, el placer del pecado dura solamente una temporada. Sin que ella lo supiera, una terrible influencia de corrupción había sido desatada profundamente en su ser. El “sexo-es-todo” transmitido por medio de estas películas comenzó a tirar abajo muchas de sus inhibiciones. Ella se encontró a si misma fantaseando sobre otros hombres -y mujeres. Algunas veces incluso miró secretamente las películas mientras que Jim estaba en el trabajo. Había otro problema desarrollándose también. Su relación, que había estado llena de dulzura y dedicación, comenzó a deteriorarse. Jim llegó a ser más distante que nunca, provocando en Susan sospechas y discusiones. Ellos reñían excesivamente por pequeñas diferencias. Cuánto más, cuando ellos estaban en público, pues, Jim abiertamente piropeaba a cada muchacha bonita que veía. ¿Cómo podía Susan regañarlo, después qué ella había permitido eso en su hogar? Poco a poco las cosas llegaron a empeorar, hasta que finalmente, Jim la dejó y Susan solicitó el divorcio. Ahora, como mujer de mediana edad con una unión fallida, la pérdida de su amor propio y la cavidad del alma que la pornografía produce, ella era más desgraciada que nunca. Este caso es bastante típico que ocurra cuando las esposas permiten que la pornografía ingrese al hogar. A medida que el número de hombres cristianos adictos al porno continúa aumentando, se puede esperar que el número de esposas y de novias implicadas también crecerá. Mientras que esto es bastante malo, ahora hay otra tendencia que preocupa: mujeres que están buscando pornografía en Internet por sí mismas. Escrito por Kathy Gallagherr Fuente: edificandolafe.obolog.com
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El mito del “tiempo para mí”

Escuché una vez al anfitrión de un “talk show” decir un argumento muy convincente del porqué las mamás necesitan tomar tiempo para sí mismas. Él decía que las madres dan y dan al punto de vaciarse. Entonces deben “re-cargarse” para poder seguir dando. A mí me pareció bastante razonable. Sin embargo comencé a cuestionarme ¿porqué en mi búsqueda de tener este “tiempo para mí” siempre terminaba sintiendo como que nunca era suficiente y siempre necesitaba más? Mientras estaba en mi “tiempo libre” definitivamente me sentía renovada, pero en el momento en que llegaba a casa y me daba cuenta de que el fregadero aún seguía lleno de trastes sucios y que además todavía tenía que bañar a los niños antes de poder decir que el día había terminado, sentía ganas de dar media vuelta y volverme a salir. Esto me dejaba sintiendo lástima de mi misma y lamentándome. ¿Por qué no podía tener una noche en que no tuviera que hacer las mismas cosas que hago TODAS las noches? ¿Por qué no podía llegar a una casa impecable y sin problemas en donde los trastes estuvieran limpios y los niños estuvieran ya durmiendo? ¿Por qué tenía que regresar a mis deberes tan pronto? Para castigar a aquellos quienes me hacían la vida difícil, lavaba los trastes con brusquedad mientras se golpeaban unos con otros haciendo ruido, entonces respondía a todos de manera cortante y los apuraba para poder acostar a los niños y entonces escapar a mi cuarto de costura o a la computadora por el tiempo que restaba de mi día. A la mañana siguiente, sintiéndome insatisfecha con la cantidad de “tiempo para mí” que había tenido la tarde anterior, me servía mi café, me sentaba en la computadora e ignoraba completamente mis deberes diarios. Me irritaba con los niños porque sus “numeritos” estaban invadiendo MI tiempo. Estaba estresada, impaciente y desesperada. Mis hijos me decían: ¡mamá! Y yo respondía…”…no se encuentra en este momento”. Entonces comencé a quedarme despierta hasta tarde para poder así tener un poco más de tiempo a solas. Tenía pavor de irme a dormir, porque eso significaba que al día siguiente despertaría sólo para atender a las necesidades de los niños y el desastre de una casa. Comencé a sentirme cada vez más molesta por ver que mi esposo podía salir de su trabajo mientras que el mío nunca terminaba, además él tenía comidas y viajes de negocios ¡yo no! Para compensar lo que yo consideraba una INJUSTICIA, decidí no hacer nada durante los fines de semana: nada de lavar ropa, trastes, nada de ser mamá. Pronto mis fines de semana se convirtieron en una acumulación de trabajo para el resto de la semana. Todo esto solo sirvió para abrumarme cada vez más y alimentar mi deseo de escapar. En un momento de claridad, de esos que solo el Señor puede darnos, vi lo que mi comportamiento estaba siendo verdaderamente: egoísmo. Junto con esta revelación vino también la convicción de dejar de buscar “tiempo para mí”. El “tiempo para mí” es un mito. Es una mentira de la psicología, un “estado ideal” inalcanzable y lleno de interrupciones. El “tiempo para mí”, por propia definición, sugiere que esa persona quien soy durante mi rutina diaria no es en realidad la persona que soy. Nos incita a buscar satisfacción fuera de los títulos de “esposa” y “madre”. Acusa a nuestros preciosos pequeños y al esposo que Dios nos ha dado de anularnos. Reduce la maternidad a una enfermedad en la que esas pequeñas caritas sucias y la monotonía de la rutina diaria lentamente nos succionan la vida. Nos dice que nunca podremos sentirnos renovadas mientras estemos en la presencia de aquellos a quienes cuidamos durante el día y la noche. Señala un hueco en nuestro mundo que necesita ser llenado, un tanque que debe ser recargado con gasolina, un monstruo que nos tragará si no lo alimentamos con algo de “tiempo para mí”. Entre más lugar damos a este pensamiento de que merecemos este tiempo para nosotras, más lo buscamos. Entre más lo buscamos, más breve nos parece cada vez que lo tenemos. La vida diaria de ser madre se convertirá en un trabajo de servicio doméstico, donde nosotras somos las empleadas. Huiremos de cada aspecto de este papel. Nos cerraremos a nuestros hijos cada vez que ellos intenten invadir nuestro valioso tiempo a solas. El no tener este tiempo arruinará nuestro día, y si logramos tener algo de él, ¡solo estaremos deseando volver a tenerlo! Sin embargo, en cualquier mentira, hay una cierta cantidad de verdad escondida. Yo tenía la necesidad de ser llenada, pero presta atención: solo Dios puede llenarnos y darnos lo que verdaderamente necesitamos. 21 Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. 22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. 25 Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Lamentaciones 3:24-25 Dejé de ver mi vida como si ser madre y esposa fuera un trabajo que termina al llegar la tarde y “cerrar el negocio”. Dejé de quejarme y comencé a vivir. Ahora busco formas para poder hacer de mis tareas diarias algo que disfruto, haciéndolas con gozo, como para el Señor. 23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; Colosenses 3:23 Estoy deleitándome en la belleza de mis hijos, tomándome el tiempo para verlos a los ojos, tomar sus manos y ser su mamá. Ahora estoy escuchando más y hablando menos. Estoy trabajando en supervisarme a mí misma para detectar cada vez que comienzo a sentirme desalentada o sobresaturada, buscando a Dios inmediatamente para renovarme y guardarme de pecar. Estoy encontrando contentamiento en servir a otros. Estoy comenzando a disfrutar el tiempo que paso con mis hijos simplemente siendo su mamá. El tiempo que pasamos lejos de nuestra familia debe ser usado buscándole a Él, meditando en su palabra. Cualquier otra cosa que intentemos usar para llenar ese vacío será miserablemente pequeño. 13 Con Dios está la sabiduría y el poder; Suyo es el consejo y la inteligencia. Job 12:13 13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. Isaías 41:13 8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Josué 1:8 Asimismo, la compañía que busquemos durante este tiempo deberá ser de personas quienes nos ayuden a fortalecernos y ser edificadas en nuestro papel como esposa y madre, no para debilitar la base de nuestro hogar. A través del consejo de quienes nos alientan a buscar nuestra propia satisfacción, solo lograremos llenarnos de resentimiento. Siempre habrá días en que tendremos la oportunidad de hacer cosas a solas o con otras mujeres, pero si tenemos contentamiento en el papel que Dios nos ha dado, entonces ya no nos aferraremos a esos momentos como la única forma de mantener nuestra salud mental. Nuestra necesidad de “tiempo para mí” se irá desvaneciendo al ir viendo la maternidad como una bendición de la que no desearemos escapar, sino abrazar con gozo. 12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría. Salmos 90:12 Amy Roberts y su esposo Ty educan a sus hijos en el hogar y son padres de 6 niños. En febrero del 2008 su pequeña bebé Emily falleció a la edad de 7 meses, haciendo palpable la verdad de que el tiempo con nuestros hijos es demasiado corto para desperdiciarlo buscando nuestro tiempo a solas. Amy Roberts universocristiano.com
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Mujer Cristiana

¡Oh! Mujer cristiana cuan hermosas recompensas te esperan en la gloria. Eres un lirio del alba donde el rocío de la gracia divina brilla como cristalinas diademas y eres la tenue brisa que refresca el mustio camino de este mundo. Dice Dios: (Pr. 18:22) “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová”. Desde el principio de la creación el Señor estableció esta verdad: “Gn. 2:18) “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. Pero eres mucho más que una compañera idónea, (Pr.14:1) eres la que con tus manos edificas la casa, mientras que la necia con las suyas la derriba. El perfume embriagante de tu presencia, llena de gracia y frescura el hogar. Ese lugar que puede estar adornado con los más exquisitos adornos que el dinero permite comprar, si no estás tú, pasa a ser un frío y lúgubre mausoleo donde todo palidece. Y ese modesto hogar donde el Soberano Dios te puso a ti, aún lo más simple brilla con inusitada gracia y esplendor. Dichoso el hombre que después de una agotadora jornada pueda llegar a su hogar, y encontrar a su esposa afanada en agradar a su amado y transformar ese lugar en un manantial, donde ella se mueve como entre alelíes y las abejas revolotean con un beso de miel. Eres el sol, la luz y el viento que vuelan por ese lírico paisaje de amor. Pero eres mucho más, eres la sabia administradora que puede multiplicar con gracia y sabiduría el escaso presupuesto que dispones, en delicados manjares que llenan de satisfacción a aquellos que con amor deseas agradar. Eres la madre, y en esta condición tan especial, me hundo en un mar profundo sin poder tocar fondo para encontrar palabras y describir la grandeza de tu amor, lleno de un perfume enervante de tu núbil candor. Con cuanta dedicación y desvelos cuidas a los retoños que Dios te da. Creo que no existe otra labor más fatigante y abrumadora, que esa que el Creador te encomendó, de guiar a los tuyos como un faro en medio del tortuoso mar. No deja de maravillarme el hecho que cuando rendida y extenuada caes en un sueño profundo, que ni el rugir de los poderosos motores de un avión te pueden sacar, pero basta un simple quejido de tu niño para levantarte de un brinco y correr a su lado para derramar en libación tu amor. Te admiro mujer, por tu fortaleza y dedicación. Cuanta paciencia y consagración te ha otorgado el Creador, que sabes sostener la arquitectura del silencio y del olvido en los agrestes caminos de la ruta estival. El mundo es un mercado donde los hombres compran honores, voluntades y conciencias. Pero tú, mujer cristiana, eres como un manantial de aguas cristalinas y espumeantes sobre los pedregales, que se van suavizando en sus aristas con tu gracia tan especial. Pero sabe que este mundo un día estará en mies en un granero celestial. Y allí, cuando los ángeles recojan los frutos de la cruz y el Señor nos traslade a Su gloria divinal. Entonces muchos grandes predicadores se apresurarán a buscar las mejores coronas que el Rey de reyes repartirá. Pero seguramente escucharán avergonzados por su falta de humildad: “No, ésta la más especial, es para la mujer que supo ser esposa, madre y arquitecta de su propio hogar. Sí, mujer cristiana, tú que has llevado tu cruz en silencio y sin publicidad, te está aguardada una corona muy especial. Ya viene el día, porque el Señor así lo prometió, que todas las cosas habrán de salir a la luz. Y tu abnegación, consagración y santidad, no serán olvidadas por el Creador. Tú que has sido bendecido con la compañía de una esposa, regocíjate con ella en tu vejez, (Pr. 5:19) “como cierva amada y graciosa gacela.Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre”. Porque esto es lo que agrada al Señor en verdad y eternamente. Fuente: www.unvasomasfragil.com
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